Horario Urteaga n° 1991-1993 y Jr. Estados Unidos n° 405, Jesús María
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Por: Francois Macedo / Karla Garnique Zapata

El mundo ha ingresado a un círculo de conflicto constante, donde los intereses propios y diferencias de perspectiva solo han generado una polarización clara entre distintas comunidades. Muchos de estos conflictos se han normalizado en nuestra realidad y están sostenidos en ideas que, por décadas, han vulnerado e invisibilizado tanto a personas como contextos de suma importancia. Sin embargo, es el tiempo y el propio desbalance de contextos los que han fortalecido la idea que el mundo necesita un cambio generacional en distintos estratos del tejido social. Por esta razón, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud. Una celebración que, no solo busca reconocer la importancia de una formación y protección integral del desarrollo de la juventud a nivel mundial, si no que promueve el papel de estos como socios esenciales en el proceso de cambio e involucrarlos en la oportunidad de generar conciencia sobre los desafíos y problemas a los que se enfrenta su crecimiento. Esto ha permitido que distintas problemáticas a las que la sociedad habría sido indiferente o normalizado bajo la idea de ”ya no hay solución”, puedan estar en discusión nuevamente y mover a distintos grupos voluntarios hacia la búsqueda de mecanismos que puedan mitigarlos. Personajes como Jack Andraka (15 años) en la creación de tecnología para acelerar el tratamiento para el Cáncer; Emma González (18 años), con el movimiento para promover el fin a la violencia con armas de fuego; Malala Yousafzai (11 años) con la lucha a favor del acceso a educación para las niñas de Pakistán, son solo algunos de los casos de jóvenes que reconocieron la importancia de su entorno y luchan día a día para demostrar que las nuevas generaciones pueden ser ese empuje que la humanidad necesita para salir adelante. En el Perú, donde la política no solo ha sido crítica en su desarrollo, sino que dichos problemas internos han generado la omisión o retrasos en el trabajo de colaboración y atención de las distintas problemáticas sociales; son los jóvenes quienes no solo aparecen en los medios de opinión, tratando de plantear soluciones viables y coherentes con el espacio-tiempo en el que vivimos, sino también quienes se hacen presentes en las distintas mesas de diálogo para representar y preservar las necesidades que los distintos bloques sociales necesitan para reconstruir las estructuras históricamente abandonadas. No obstante, es necesario no solo aplaudir las motivaciones de cambio que han tenido estas personas y grupos, ya que la oportunidad de estar al frente de estos espacios de trabajo se la han ganado con esfuerzo en el estudio de distintas ramas de interés, en el análisis constante y empático con el entorno junto a la construcción de valores que les permita interceder de forma coherente y acertada en nombre de distintas comunidades. Entonces ¿Qué implica el Día Internacional de la Juventud? No solo un espacio de abrazo para los jóvenes que mañana estarán a cargo del desarrollo humano, sino también de empuje para que los espacios educativos, recreativos y familiares propician los elementos adecuados para la construcción de nuevos líderes, acompañado de un trabajo de empatía por parte de las antiguas generaciones para valorar las nuevas perspectivas del mundo.